¿Qué pasa con el corta y pega?

28 noviembre 2011

Antes de empezar –y para que no se diga–, queremos dejar bien claro que este post se nos ha ocurrido tras leer este otro en uno de nuestros blogs favoritos: el de Tristán Elósegui. Vamos a hablar de la copia de textos tan habitual en Internet, pero en nuestro caso, queremos aclarar que no se trata de un corta-pega salvaje, sino que el post de Tristán nos ha servido como guía para escribir el nuestro. Dicho esto, comenzamos.

Para algunos, la copia de contenidos en blogs y webs es algo totalmente inadmisible porque va en contra de los derechos de autor. Para otros, en cambio, no pasa nada siempre y cuando se deje claro que se trata de un texto escrito por otra persona y se mencione al autor. Es decir, siempre y cuando el “copiador” se comporte de una manera honesta y no pretenda aparentar que realmente ha sido él quién ha escrito ese texto.

Quienes defienden esta última opción creen además que este “corta y pega”, lejos de perjudicar al autor original, puede acabar resultándole beneficioso, porque le aporta publicidad y popularidad y, además, le sitúa de alguna manera como una persona cuya opinión merece ser leída y tenida en cuenta. Algo así como un autor de referencia en el sector. Sucede como con los retweets de Twitter: hacen que nuestros comentarios lleguen a mucha más gente de la que sólo por nuestra cuenta podríamos alcanzar.

En cualquier caso, si un texto nos gusta tanto que queremos copiarlo tal cual en nuestro blog o web, no queda otra que hacerlo de una manera correcta y honesta, porque a nadie le gusta que otros se atribuyan lo que hemos escrito nosotros. Por eso, a continuación, os damos unos consejos sobre cómo reproducir materiales de otros sin que parezca que son obra nuestra.

Así no

  • No mencionamos al autor o al medio: daríamos a entender que el texto lo hemos escrito nosotros.
  • Lo citamos sólo al final: quedaría demasiado escondido y la gente que no llegase al final del texto nunca se enteraría. Mejor al principio.
  • No sólo no mencionamos al autor, sino que encima ponemos nuestro nombre: es lo peor que se puede hacer. Aquí sí que no habría duda de que estamos intentando apropiarnos de ese texto.
  • Cambiamos un par de cosas para poder poner nuestro nombre: no basta. Si la mayor parte del texto sigue sin ser nuestra, debemos decirlo. Aunque siempre podemos especificar que ciertas partes del texto son nuestras.
  • Copiamos el texto sin el consentimiento del autor: a algunas personas no les gusta que sus textos aparezcan en sitios que no sean suyos, ni siquiera aunque se les cite. Si la página de la que sacamos el texto especifica que no puede ser reproducido en otros lugares, no nos quedará más remedio que no hacerlo.

Así sí

  • Citamos al autor y al medio, y además lo hacemos al principio del texto.
  • Incluimos también un enlace a su blog o web para que todo el mundo que quiera verla pueda hacerlo fácilmente.
  • Podemos incluso escribir al autor para decirle que hemos reproducido su texto en nuestra página.
  • También podemos escribirle si tenemos dudas sobre si esa persona permite o no la reproducción de su material.
  • Si queremos, podemos añadir comentarios al texto original, pero dejando claro que esos comentarios son nuestros y no del autor.

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